Encuentro con Don Ambrosio Luna Salas FSC

La consciencia de vivir en un tiempo cargado de retos y nuevas posibilidades, estimula a las personas consagradas, comprometidas con la misión educativa escolar, a invertir el don recibido dando razón de la esperanza que les anima. La esperanza, fruto de la fe en el Dios de la historia, se fundamenta en la palabra y la vida de Jesús, que vivió en el mundo sin ser del mundo”.[1]

 

El pasado 12 de enero de 2019, un grupo de exalumnos de la Escuela se reunió para homenajear a uno de los maestros pioneros de la ECC, el Hermano Ambrosio Luna Salas FSC, con ello revelaron los antiguos alumnos que no olvidan y agradecen a su mentor.

En la reunión el Dr. Ambrosio nos relató algunas experiencias significativas, como la decisión de consagrar su vida a la educación con el carisma de La Salle.

El 27 de enero de 1949 cuando apenas tenía trece años, ingresó al Noviciado Menor del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, viviendo esa etapa en la que los jóvenes deciden iniciar su formación en una comunidad con otros jóvenes de la misma edad que comparten las mismas inquietudes y que son acompañados por los Hermanos para descifrar su vocación.

El despedirse de la familia, es una experiencia muy dolorosa, mucho más para un adolescente, él lo vivió observando a sus hermanas decir adiós desde el balcón de su casa y al subir al taxi que lo llevaría al Colegio se congestionaron sus sentimientos en especial al despedirse de su Madre.

Sin embargo, el panorama cambió al llegar al Aspirantado y ser recibido con alegría por los compañeros. Pareciera que el horizonte de servir a Dios formando y educando, daba luz y alegría ante la separación de la familia.

Posteriormente, estudiar la Normal, aprender a educar, asimilando la vida, misión y espiritualidad de San Juan Bautista de la Salle, vivir en comunidad de laicos consagrados en donde juntos y por asociación han de ocuparse de las escuelas, en especial de las establecidas para niños pobres.

Ya como Hermano, la primera Comunidad en la que participó fue precisamente en la Villa, y nos recordó que su entusiasmo juvenil y su entrega le hacían preparar las clases mucho más de lo que pedía el programa oficial, innovando pedagogías como los combates de historia, geografía, catecismo, ciencias naturales, en donde además de preparar a los alumnos, se aprendía el liderazgo y el trabajo en equipo.

En esa época los alumnos de la Escuela participaron en torneos como el de las estrellas infantiles Toficos, siempre ganando su bolsa de dulces y su bono del ahorro.

También nos recordó como preparaba a los participantes de los concursos de oratoria o declamación,  a quienes ayudó a competir en niveles nacionales, como a José Luís Herrera, y aligerar la pasión a Eloy Salazar que siempre golpeaba la tribuna.

Para preparar los discursos, Don Ambrosio se inspiraba en libros como “Tú Serás Rey” de Anacleto Gonzalez Flores, líder de la Acción Católica en 1920 y mártir cristero hoy Beato de la Iglesia Católica; o en textos del Maestro José Vasconcelos como Ulises Criollo; o en obras de grandes pensadores católicos como el filósofo Jacques Maritain y su esposa Raïssa Oumansoff, que no solamente se convirtieron al catolicismo sino se volvieron defensores de la religión; o de pensadores de la talla de León Bloy, importante escritor que de agnóstico paso a ser un excelente cristiano y fue quien llevó a la conversión a los Maritain; o de poetas católicos como Paul Claudel, con obras excelsas como “La Anunciación de María”. También nos señaló la influencia de Mariano Azuela (abuelo de un antiguo alumno)  con la novela “Los de Abajo”, o Luis Rivero del Val con el libro “Entre las Patas de los Caballos”, y otros autores cristeros.

Don Ambrosio vivía conforme a la frase de Paul Claudel “Habla de Cristo sólo cuando te pregunten por él. ¡Pero vive de tal modo que te pregunten por él!”  Así vivían los Hermanos, de modo que uno se preguntaba ¿de qué están hechos?, ¿cómo pueden trabajar con tanto ahínco y a la vez estudiar otras carreras y cumplir a cabalidad en todo lo que hacen?

La vida de los hermanos, llena de valores y virtudes, permeaba en toda la escuela. La disciplina era una forma de vida, mas no por ello se perdía la alegría el buen humor, la dedicación al estudio, por lo que representaba ir descubriendo la historia y las demás materias.

Siguió Don Ambrosio en su recuento de recuerdos: el famoso futbolito de Ricarte, los paseos al cerro del Chiquihuite, del Elefante o el Ajusco, las aventuras al perderse en el Ajusco en una lluvia muy fuerte que culminó sin ningún daño.

Los Hermanos en su proceso de preparación estudian además de la Normal, otra carrera, el Mesié pensaba en estudiar Filosofía o alguna carrera de humanidades, al preguntar a su superior, recibió otra instrucción: -Debe estudiar Ingeniería. Acató la orden por la santa obediencia, pensando que su vocación se orientaba más hacia la Filosofía, fue una prueba muy dura.

En la vida de Comunidad se sabe que el que obedece no se equivoca, entonces fue con el Superior y le dijo: ¿podré estudiar en la UNAM? –No, Hermano debe ir a la Escuela de Química Berzelius, del Centro Cultural Universitario, hoy la Ibero. Entonces, a preparar la inscripción, y al conocer los horarios de las clases, le dijo al Hermano Director: ¿tendré que dejar de dar clases para estudiar?,  la respuesta fue: No Hermano, usted ira a la UNAM.

Ya en la Universidad, a los recién ingresados los rapaban, era la novatada, por eso cuando le llegó el momento esperaba resignado, sin embargo un exalumno de la escuela Ricardo Villa llegó a frenar a los porros para que respetaran al Hermano, fue el único del primer año con cabello.

Los años sesenta se distinguieron por convulsiones universitarias, por ello no es de extrañar que el Hermano Ambrosio utilizara una tribuna poco rara para exponer la doctrina social cristiana (como Pelayo en la Santa Cueva de Covadonga, Ambrosio hablaba desde un montículo de piedra), y lo extraño es que lo respetaban y lo escuchaban, en momentos en donde los jóvenes se decían comunistas y revolucionarios.

En la Universidad había un alumno exseminarista que tenía un especial odio a la Iglesia, eso no era lo más significativo, era un ropero, le decían el Hormigón, y cuando quiso agredir al Hermano, de pronto apareció Ricardo Villa y defendió al Hermano poniendo en su lugar al Hormigón.

Don Ambrosio nos platicó otras anécdotas, que por falta de espacio dejo para otra ocasión, solo remarcaré las relativas a la Escuela, la compra frustrada de los terrenos de Santa Isabel Tola, que habría permitido una gran escuela cercana a Ricarte, sin embargo ya había una consigna providencial, la escuela se ampliaría en un terreno más espacioso aunque retirado, el famoso Ranchito. Hoy el campus de secundaria y preparatoria, de la Gran Escuela Cristóbal Colón.

Su llegada a la ULSA, y su demás recorrido ya no nos contó, habrá otra ocasión, porque la función realizada en la rectoría de la Salle ha sido muy significativa y merece mención especial.

Se departió con una fraternidad excepcional, pero hay que volver a realizar este ejercicio, porque tenemos el gran gusto de disfrutar a este hermano y hay que alegrarse de esa bendición.

 

Jorge Yáñez

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Homenaje a Don Ambrosio Luna Salas FSC
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